jueves, 22 de septiembre de 2011

¡Pienso luego estorbo!

Avelino Sala. Blockhouse. Sobre la construcción de un espacio de resistencia en tiempos de indolencia. Galería Raquel Ponce. C/ Alameda, 5. Madrid.

Ana Rodríguez Zárate.


Como si de un campo de batalla se tratase, se consigue el ambiente violento en la sala, ya que uno no sabe cuál va a ser el momento de ponerse en posición fetal en una esquina, cubrirse la cabeza y empezar a temer por su vida.
Lo que el autor propone en vez de la batalla es la cultura. ¡Qué desfachated! Habría que pensar demasiado, deberíamos abandonar el camino estipulado para buscar nuevas fronteras. ¡Qué disparate! Sufriríamos tanto al conocer..., y si solo fuera conocer, existen algunas sustancias estupefacientes para acayar la mente; pero el dolor físico que se debe sentir cuando nazcan unas alas y nos estallen los oídos al romper con la gravedad, sería tan insoportable que inventaríamos cadenas invisibles que nos permitieran liberarnos. Por lo que me parece una auténtica locura esa idea ñoña y utópica.
Como ya he dicho, en la sala se respira un enfrentamiento; y no solo en la sala, sino en las propias pinturas. Con unas paredes negras y blancas y unas esculturas igual de coloridas, se intercala una acuarela de su Gijón natal, con unas grúas modificando el paisaje quedando suavizado el conjunto con notas de color.
Debe de ser que el autor sufre una ligera esquizofrenia, además de ser un maleducado y un consentido, ya que no cuida lo que se le ofrece. ¿Qué es eso de hacer grafitis en una sala de exposición? Hay que saber cuidar tus bienes, y guardar una cierta apariencia para los invitados. Por no hablar de los mensajes que trata en esas pintadas.
Lo que yo creo que a ese hombre le pasa, es lo que muestra en una de sus pinturas y es que sus tuercas y tornillos no terminan de encajar bien. La verdad, no me gustaría encontrármelo por la calle.
Además, es un necio. ¿Para qué construir una barricada de libros? Es más, ¿por qué una barricada de libros negros? Así no se defiende uno. Es mucho más fácil que te digan lo que hay que hacer. Y eso no es todo; si eres un inconformista, séelo de manera inteligente. ¿Para qué tenemos dos manos y dos piernas? Claramente para combatir. ¿Y la cabeza? Para llevar un casco.
Aunque la exposición esté inspirada en Gijón, se puede observar claramente que lo único que ha conseguido el autor, es preceder a un grupo de revolucionarios dispuestos a cambiar el mundo y a una juventud que empiece a pensar y actuar. ¡Eso es impensable! ¡A saber qué intereses maquiavélicos le mueven a hacer lo que hace!
Sin nada más que añadir a la exposición, excepto valorar la buena presencia, ayuda y mostrando mi gratitud hacia el personal allí presente, me gustaría remarcar a modo de coda un hecho cuanto menos algo enigmático. Como he aprendido a desconfiar de las casualidades, me pregunto si no es significativo que desde esta exposición se oigan las revueltas ciudadanas y las críticas hacia los recortes habidos en educación. ¡Pobres ingenuos, no van a conseguir nada!

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