Categorías, Abierto por obras. Jorge Perianes, Matadero de Madrid, Paseo de la Chopera, 14.
JULIA COBERA.
Enorme es la palabra que más podría describir el último trabajo de Jorge Perianes (Ourense, 1974), manteniendo el toque naturalista que le ha caracterizado desde sus comienzos ahora va mucho más allá.
Casi sin pretenderlo ha llegado a plantearnos una antagónica representación de la vida en dos espacios que asumimos como un sótano donde se engendra la vida, en el que las raíces y la vida vegetal consigue traspasar los muros. Mientras que en otro espacio encontramos el desván, aquel lugar al que raras veces se sube si no es para dejar algo que ya no es útil, donde todo envejece guardando polvo mientras nos es totalmente indiferente.
Perianes ha conseguido plasmar esta diferencia jugando con la luz y los materiales.
La parte del sótano es mucho más luminosa, con elementos de color. El desván es un lugar oscuro, algo asfixiante con esas columnas ennegrecidas como si hubieran a penas sobrevivido a un incendio, quizás expresen un gran cambio en la vida, uno de esos momentos en los que hay que hacer borrón y cuenta nueva.
Es increíble como ha utilizado la madera para dar ese aspecto de reconstrucción, de volver a resurgir de las cenizas, pero parece que hemos llegado en el momento en que empezaban con las obras.
Demuestra una vez más su talento para la creación escenográfica, consiguiendo que un espacio de gran tamaño pueda resultarnos algo casi claustrofóbico, por lo menos un lugar en el que a uno lo que le evoca es nostalgia y pesadumbre.
Perianes ha querido salir un poco de ese lugar seguro en el que se encontraba e innovar un poco, en el mundo del artista es importante renovarse para seguir adelante pero sin perder la esencia que te caracteriza, que hace que tus seguidores se mantengan y no se sientan decepcionados cuando presentas un nuevo trabajo.
Jorge ha conseguido ese equilibrio de una manera perfectamente armónica.
Vida, muerte y resurrección veo yo en esta obra. No de alguien si no de algo, de un pensamiento. Tal vez el propio Perianes nos esté queriendo dar a entender ese cambio que ha experimentado con esta pieza.
Habrá quien eche de menos el espacio de “hogar” que habitualmente se encuentra entre estas dos estancias planteadas, pero muchas veces lo más trascendental es lo que ocurre en los extremos. El término medio es la monotonía, es lo que transcurre entre dos periodos de verdadera importancia, por ello hay veces que podemos obviarlo, no olvidarlo, pero si recalcar aquellos momentos o, como en este caso, lugares donde sucede lo verdaderamente importante.
Otra visión podría ser la de que muchas veces lo que nos falta es precisamente ese lugar apacible y tranquilo y nuestra vida se basa en constantes cambios, nacimientos y resurgimientos de nuevas ideas, planteamientos, formas de actuar y hechos.
En cualquier caso merece la pena la experiencia de visitar esta obra a gran escala, que no dejará indiferente a nadie, en el Matadero de Madrid.
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