Nico Munuera. My Ross Island / Ribbons. GALERÍA MAX ESTRELLA / GALERÍA LA CAJA NEGRA. Madrid.
- María Tanco González.
Blanco. Colores claros que deslumbran. Manchas de color que inspiran. Esa es la impresión que da la Galería Max Estrella cuando uno se adentra y se encuentra el espectáculo de contrastes producido por la obra de Nico Munuera en ‘My Ross Island’.
Líneas verticales. Horizontales. Seseantes. Curvas. La imaginación nos hace ver lo que no hay, dejando que los colores naden en armonía por nuestra cabeza. El artista nos narra a su manera la historia de su viaje al polo sur, y al mismo tiempo del descubrimiento de la zona.
El predominio de los colores pastel, y la mínima aparición de tonos fuertes hace que el visitante se encuentre a gusto rodeado de estas imágenes dulces. Y la vez incomodado por el complejo reto de buscar un sentido a aquello que aprecian sus ojos. Pero no hace falta entender para disfrutar.
Esta primera exposición, donde casi todas las piezas son grandes lienzos con manchas de tinta china crean un espacio único donde si nos dejamos llevar, podríamos incluso ver esos lienzos como ventanas a nuestro mundo desde allí. Como si estuviésemos en alguna parte de ese blanco polar o formásemos parte de alguna mota de color.
Intuimos océanos, y despejados cielos destellantes donde nuestra razón encuentra garabatos infantiles. Pero continuamos obstinados en la campaña de buscar sentido a esas pinceladas. Acercamos nuestros ojos para ver como las tintas se mezclan, como las texturas se secan. Dejamos a nuestras retinas viajar entre el vibrante movimiento de las líneas, yendo de cuadro en cuadro buscando un porqué o una salida razonable.
Pero como en otras tantas exposiciones de arte moderno, recurrimos a los acontecimientos y a la historia para darle un sentido a lo que vemos. Pero a veces, que la obra dependa tantísimo de su contexto hace que cojee por alguna parte. Si lo que intentamos es plasmar la falta de sentido absoluto, o una burla al arte clásico, todavía; pero, con un título tan concreto, la sensación de vacío y de que nos falta algo es inevitable.
Paralelamente Nico Munuera presenta otra exposición en la capital: Ribbons, en la galería la Caja Negra. Esta muestra es más completa, y manifiesta una evolución como artista. A sus cuadros añade recursos audiovisuales, y muestras de color. Pero no se aleja demasiado a la primera galería. No solo pierde el sentido inicial, en el que el propio título contextualiza la obra, ya que de Ribbons he oído múltiples razonamientos con regusto a excusa; sino que más bien parece intentar darnos a entender que solo sabe hacer eso. Que solo sabe expresarse mediante colores mezclados de manera irracional y pintura que cae o deja que caiga. Trazos que pueden ser perfectamente el resultado de atar un pincel a la boca de un epiléptico en pleno ataque.
Qué bien es cierto que hay más color, más degradación y más contraste, pero se ve desde kilómetros que es la misma mano creadora, bajo la misma musa, la que ha producido ambas muestras.
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