jueves, 6 de octubre de 2011

…A ESA ISLA, LA DE LOS BEBÉS.

NICO MUNUERA: Galería La Caja Negra, C/ Fernando VI 17, 2º izquierda.

NICO MUNUERA: Galería Max Estrella, C/ Santo Tomé 6, patio

Por: Ana Fernández Sánchez

- Eso lo hacía yo cuando iba al colegio.

Seguramente casi todos los que hayan ido a ver las exposiciones habrán pensado ésta o alguna otra frase similar. Reconozco que yo también lo hice.

Y al rato me estaba divirtiendo:

- ¡Mira, mira, ya lo tengo! Son pececitos. Y montañas. Y mira ¡Un río!

En Ribbons no te diviertes, allí encuentras, encuentras una maravillosa combinación de colores que hace que no quieras salir de la sala y que mientras paseas por ella encuentres serenidad, tranquilidad y paz. Estoy viendo los “colores” e imagino que los hubiera pintado para el mundo de los bebés, donde todo es perfecto, donde solo reina la comodidad, el amor y la felicidad. No quiero irme, me gusta estar en el mundo de los bebés.

Y sigo divirtiéndome pero entonces empiezo a “hilar”; Si el título es “My Ross Island”, los colores son vivos, el paisaje es sereno, pacífico… con sus montañitas, su mar, sus peces... Está claro que tiene todos los ingredientes para ser una isla de ensueño. Y ahora me muevo armoniosamente por la exposición como si me llevara la corriente de ese río que acabo de descubrir. Veo dos rayos de sol que se filtran en el mar y que parecen dar la bienvenida a la mañana. El gran mural es la vida en plena isla salvaje. Los peces rio abajo, el mar un poco revuelto y las montañas imponentes, como debe ser.

En el mundo de los bebés la felicidad no se acaba nunca. “colores” grandes, medianos, pequeños… pero todos son “colores” bonitos. Me confundo de sala y entro en las dependencias privadas de la galería, pero me doy cuenta y es que ya no hay colores, ya no hay paz. Esa sensación de estar rodeada de bebés se ha ido. Vuelvo corriendo, los echo de menos.

Y sigo recorriendo los rincones de esa isla, voy y vengo y cuanto más avanzo más me imagino allí, tomando el sol, bebiendo refresco de coco y perdiéndome en el sonido del mar. En otra estancia hay cinco acrílicos más, éstos ahora anuncian el atardecer en la isla de ensueño.

¡He encontrado un proyector! Es buena idea, están todos los “colores” concentrados en la pantallita. Me quedo un poco atolondrada mirando como pasan las diapositivas.

Y avanzo y ya no sé si estoy en el mar, en la playa o en la montaña, pero veo mucho color verde, estaré dando un paseo por el bosque, a lo mejor me encuentro un tesoro en el centro de la isla, quien sabe.

Lo que sé es que estoy dando muchas vueltas a la sala. Es hora de dejar el paraíso y volver a la ciudad, donde los bebés no se pueden tener y donde los peces están en la pescadería, los bosques en los pueblos y las montañas en la sierra.

Salgo de la galería con la esperanza de regresar algún día a esa isla, la de los bebés.

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